31 de marzo de 2015

Bara Brith. Pan dulce de Gales


De repente hace un buen tiempo que me da la impresión de que no nos lo merecemos. Es como si se estuviera preparando una venganza atmosférica: "Disfrutad, disfrutad, que ¡el retorno será terrible!". La verdad que estoy deseando que lleguen las tormentas primaverales, esas en las que hace un calor moderado y de repente rayos y centellas pueblan el cielo mientras una lluvia ensordecedora moja a los nada precavidos transeúntes. Lo único malo es el polen que se levanta después y que hace que el ventolín sea más necesario que un pañuelo de papel en la nariz. Seguiré esperando esas lluvias. De momento me marcho a Galicia a recoger un poco de fresco y olor a verde, que siempre se agradece.

El que tiene muy buen olor es este pan especiado. Típico de Gales, este pan tradicional que literalmente significa "pan moteado", es consumido el día de Navidad en sus innumerables versiones. Los hay con mantequilla, sin ella, con levadura, sin ella, etc. Existe también una versión argentina llamada Torta Negra y que es producto de la inmigración galesa. Hay un debate abierto (por supuesto propiciado por gente que no tiene mucho más que hacer) con respecto a si es un bizcocho o un pan dulce. A mí estas disputatios medievales no me aportan gran cosa. Si no lleva más grasa que huevo para mí es un pan dulce. Aunque igual es una chorrada pero me sirve para categorizar cartesianamente por claridad y distinción. Me dejo de rollos y aquí os queda esta delicia.

200 ml de té (el que más os guste, yo puse Darjeeling)
100 g de harina integral de trigo
100 g de harina blanca de trigo
150-200 g de frutas desecadas (yo puse pasas sultanas, pero lo que más os guste)
1 huevo M
50 g de azúcar moreno
2 cucharadas de postre de levadura
1 cucharada de postre de mezcla de especias
1 pizca de sal
semillas de lino molino para decorar (opcional)




Preparamos el té y vertemos las pasas para que se hidraten. Es mejor si lo dejamos reposar de un día para otro. Si no tenemos ganas en un par de horas están estupendamente. Mezclamos la levadura, la harina, la sal y especias. Batimos el huevo con el azúcar y lo agregamos a la mezcla de secos. Añadimos entonces el té con las pasas. Trabajamos la masa hasta que sea homogénea. Volcamos en un molde e introducimos en el horno a 180º durante una hora aproximadamente. Id controlando porque cada horno es un mundo. Sacamos y dejamos enfriar. ¡Sin parangón!

Compota de naranja y manzana al azahar



Abrir la nevera con cucharilla en mano y asaltar el tarro de compota: inevitable. La fruta me encanta en todas sus formas. Aunque generalmente suelo consumirla fresca, cuando va llegando la primavera me da la vena y me pongo a hacer compotas y mermeladas como la loca de los gatos. Luego ya sólo es cuestión de echarla en postres, yogures, mezclar en salsas o comer del bote tal cual y convertirse en un ser feliz sincronizado con los frutos de la naturaleza y la tierra. (Esto último es una chorrada para intentar justificar la infinita gula que me producen estas elaboraciones que no duran más de dos días en mi nevera). 
El caso es que tenía ganas de compota y lo vi claro: naranjas, manzanas y azahar. Y ya si le echáis unas galletas María no os quiero decir. Yo esta vez las dejé tranquilas, pero viven con la amenaza de que algún día, más cercano que lejano, las trituraré en alguna compota. Muhahahaha! Hale, os dejo con ello.

Para unos dos tarros:

2 manzanas golden medianas
3 naranjas sin la parte blanca
1/2 l de agua
azúcar o edulcorante al gusto
1/2 cucharada sopera de agua de azahar




Pelamos (o no, al gusto) las manzanas, las troceamos y las echamos a cocer unos 15 minutos. Añadimos entonces las naranjas cortadas y cocemos 5 minutos más. Apagamos la olla y escurrimos el agua (reservamos un poco por si nos hiciera falta). Añadimos la mezcla al vaso de la batidora junto con el azúcar y el agua de azahar. Trituramos hasta conseguir la consistencia deseada, echamos en un tarro y dejamos enfriar. ¡A disfrutar!

Tabbouleh de bulgur. Receta armenia


Creo que ya puedo abrir oficialmente la temporada de ensaladas. Aunque, ojo, que las sopas por la noche todavía me acompañan. Es un proceso transitorio que se rompe con las olas de calor tajantemente. 
El mundo del cereal es una cosa apasionante. En grano, molido en harinas, en sémola, en salvado...¡hay tantas modalidades! Todavía no logro entender la dieta paleo con respecto a este tema. Aunque la ventaja de comer de todo es que si a uno le apetece hacer recetas de los paleos las hace y tan feliz.  Sinceramente, creo que en el primer mundo tenemos muchas percepciones tontas que quitarnos de encima. Y no digo que tanta comida procesada sea buena (yo soy la primera que hago todo en casa con los alimentos más sanos y frescos que pueda encontrar), pero a veces las obsesiones son una lacra. Dejando esto a un lado, confieso que me encanta el bulgur. Más que el cous-cous. 
El trigo bulgur no es más que el grano de trigo molido, cocido y secado. Es típico de Oriente Medio y lo hay en distintas presentaciones y moliendas. Yo lo prefiero moreno y gordo: burro grande ande o no ande. Y un tabbouleh con este bulgur es una maravilla. Sé que esta receta no es nada del otro mundo. Vamos, que la inmensa mayoría lo ha comido. Pero merece la pena dejarlo para la posteridad en el blog como si fueran las Tablas de la Ley.

Para 2 raciones

50 g de bulgur en seco
1 cebolla
1/2 pimiento rojo hermoso (1 si es italiano)
1 tomate
1 manojo de perejil
2 hojas grandes de lechuga
1 limón
sal
aceite de oliva

Ponemos a cocer el bulgur según las instrucciones del fabricante. Picamos las verduras y hortalizas excepto el limón y la lechuga. Las mezclamos con el bulgur y echamos la sal y el aceite de oliva. Servimos encima de la hoja de lechuga y ponemos una porción del limón cortado al lado para que cada uno se aliñe como guste. ¡A refrescarse!

30 de marzo de 2015

Panecillos de Viena de R. Bertinet


Se nota que ya va llegando el buen tiempo. Los pajaritos cantan, las nubes se levantan...me quedo con "los pajaritos cantan" y os comento. Si tuviera una escopeta de perdigones iba a darle su merecido a un pájaro, hijo de Satán, que vive en los árboles de enfrente de mi casa. Su canto: "uh uh uuuuuuh, uh uh uuuuuuuh". ¡Y no calla! Todo el santo día con esa gaita. Los pájaros que no armonizan deberían estar prohibidos por decreto. Para ruidos desagradables ya tenemos los coches, los pubertosos chillando y otros animales de ciudad. Yo trato de ignorarlo pero os aseguro que es imposible, sobre todo a primeras horas de la mañana en las que sólamente se oye al pájaro hacedor de ruido . 

Como no me queda otra que resignarme a lo que me dedico es a hacer yo más ruido que él. Una lucha de la naturaleza que ni en los documentales de después de comer de La 2. Una manera de hacer ruido es enchufar la amasadora. Así que, gracias al pájaro del mal, hice esos panecillos de Viena que van estupendamente para desayunar o para rellenar de ensaladilla por la noche. Lo bueno de este pan es que como no llegan a ser brioches son mucho más ligeros y dan menos sensación de estar desayunando cada vez que te comes uno. Los que hice yo son los de mi admirado R. Bertinet que, como todo lo que hace y propone, es un éxito asegurado.


Para unos 20 panecillos (depende del tamaño):

500 gr de harina de fuerza
250 gr de leche
2 huevos L (más uno para pintar)
60 gr de mantequilla a temperatura ambiente
40 gr de azúcar
10 gr de sal
15 gr de levadura fresca


Templamos la leche en un cazo, que no hierva ni esté helada, unos 35º. Disolvemos la levadura y la mantequilla en la harina. Es un proceso un poco raro pero es posible. Añadimos entonces la sal, el azúcar y para terminar la leche y los huevos. Amasamos durante 10-15 minutos y dejamos reposar en forma de bola aproximadamente una hora. Cogemos porciones de la masa y damos la forma que queramos. Greñamos los panes con cortes profundos y dejamos reposar otra hora (tapados los panecillos con un trapo húmedo). Pincelamos y horneamos en el horno precalentado a 220º unos 8-12 minutos dependiento del tamaño de los panecillos. ¡A disfrutarlos!


Pastel de choclo. Receta chilena


El dolor físico: ese gran temido desde los inicios de la humanidad. La verdad que entender el dolor de otra persona es un poco complicado. Normalmente intento empatizar con esto, pero en general no me sale. Lo comprendo pero poco más. Y es que, como el umbral del dolor de cada persona es distinto, lo que a Perico le duele +350 a mí me duele +2. Se han dado casos de hacerme cortes y desangrarme y ni darme cuenta de qué estaba pasando hasta que alguien me informaba. Esto es también un problema, no os vayáis a creer. Aunque la mayoría de las veces son todo ventajas. Sobre todo para postoperatorios, infecciones un poco turbias, etc. ¿Por qué os cuento esto? Al Notario le han quitado las muelas del juicio y ha entrado en modo "¡mamá tengo pupa!" on. No es un dolor condicionante así que, con cero empatía y mucho salerito, me dedico a hacerle un poco de burla para minimizar su pena existencial bucal. Todavía me acuerdo cuando iba al dentista y me arrancaban los dientes de leche de cuajo. La verdad que los dentistas son un sitio al que mandar a tus mejores enemigos. 

Y hablando de dentistas: El otro día, mi besty pollito chilena (presidenta del club de odiadores de dentistas en el mundo) subió una foto a facebook con un pastel de choclo que le había preparado su respectiva. Mi cara, al verlo, fue de envidia total. Así que ni corta ni perezosa busqué una receta por la web y aquí os traigo el resultado. Esperaré a ver si dan su aprobación desde el otro lado del charco.

Para dos raciones

Para el relleno:

150 g de carne picada de ternera
150 g de pollo asado desmenuzado (opcional)
1 cebolla picada
1/2 vaso de vino blanco
1 diente de ajo

1 huevo cocido
Aceitunas negras deshuesadas
Pasas
Aceite de oliva
Sal, pimienta, cominos y azúcar


Para la cubierta:

400-500 g de maíz dulce congelado
100 ml de leche
hojas de albahaca fresca (al gusto)


Freímos la cebolla en una sartén con el ajo hasta que tenga tono dorado. Añadimos la carne picada, el comino y salpimentamos. Vertemos el vino y dejamos reducir a fuego fuerte. Cocinamos hasta que la carne esté hecha. Reservamos. Por otro lado ponemos a cocer el maíz en una olla. Una vez cocido, escurrimos y trituramos con la batidora junto con la albahaca. Vertemos la leche en la olla junto con el maíz triturado y cocinamos 5 minutos hasta que tengamos una especie de puré. Procedemos a montar el plato: primero la carne de ternera, encima unas pasas, las aceitunas, el pollo y el huevo en trozos. Cubrimos con el puré de maíz y espolvoreamos azúcar. Gratinamos en el horno y servimos ¡a disfrutarlo!

Yogur de naranja y jengibre

Con el cambio de hora y que amanece más tarde estoy un poco descolocada. Nunca me había ni importado pero ahora como que me molesta levantarme y tener que esperar una hora más a que salga el sol. Se hace de rogar. Me gusta desayunar con el sol saliendo y eso implica que estoy una hora más en ayunas (hay que decir que, en el fondo, esto es porque me da la gana). Así que lo que hago es ir preparando el desayuno en la cocina para que cuando salga Lorenzo esté todo a punto y tardar 3 minutos en disponerlo todo en la bandeja.
Uno de los elementos de mi desayuno diario es el yogur, un imprescindible matutino. Hice estos de naranja y jengibre en un alarde de "pues me lo voy a inventar" y el resultado ¡muy rico! Os dejo con el remix.

1 litro de leche desnatada
2-3 cucharadas soperas de leche en polvo desnatada
1 yogur natural desnatado
50 g de azúcar o edulcorante
ralladura de una naranja
1 cucharada de postre de esencia de naranja
1 cucharada de postre de jengibre en polvo
1 nuez de jengibre rallada


Ponemos a hervir la leche con la ralladura de naranja y jengibre, la esencia de naranja, el jengibre molido y el azúcar. Una vez hierva apagamos y dejamos infusionar al menos una hora y media. Colamos la leche y mezclamos con el resto de ingredientes. Colocamos en la yogurtera durante 10 horas. Retiramos y metemos a la nevera al menos 4 horas antes de consumir. ¡Que aproveche!

29 de marzo de 2015

Roscas de anís (con manteca de gorrino ibérico)


Pues nada, habrá que celebrar la Pascua ¿no? Lo mejor de la Semana Santa, como sucede con todas las festividades, es la comida. Con infinita diferencia. Uno está esperando a que llegue la época para hacer en la cocina lo que toque, y si es dulce más. Aunque es verdad que se pueden hacer todo el año, lamentablemente (o afortunadamente para el crecimiento barriguero) uno sólo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena. 
Las rosquillas son un dulce típico de Semana Santa en España, pero, en realidad, se elaboran en toda la cuenca mediterránea desde el Imperio Romano. Así que hay infinitas versiones de estos dulces. Hace poco me puse manos a la obra con unos roscos de anís de aceite de oliva, por aquello de que son más sanos. Pero mira, tenía una tarrina de manteca de pork bellotero en la nevera y me dije: ¡Deja de ser remilgada! La saqué y gestioné estos roscos que son típicos de Andalucía y olé. Y olé por lo buenos que están (Notario's quote), lo fácil que se amasan (en comparación con los de aceite) y por nuestros cerdos ibéricos. ¡Ahí os quedan!

Para 18-20 unidades:

500 g de harina leudante
100 g de azúcar glas
180 g de manteca de cerdo de calidad
1 pizca de sal
50 ml de agua fría
1/2 copita de anís
1 cucharada de postre de anís en grano molido


Mezclamos todos los ingredientes y amasamos. Es importante que la manteca esté a temperatura ambiente o no haremos nada productivo con la masa. Una vez amasado damos forma de bola y dejamos reposar unos 15 minutos. Sacamos y cogemos porciones de masa dando forma a cada una de ellas. Precalentamos el horno a 180º y horneamos entre 15 y 25 minutos dependiendo del tamaño de las roscas y de nuestro horno. Sacamos, dejamos enfriar (o el anís no se ha hecho casi patente) y ¡a disfrutar!

Alitas de pollo marinadas al romero



¡Que llega el buen tiempo, señores! Y, con él, el sol, el calor que abrasa, los niños chillando en la plaza, los niños chillando en la escuela infantil de enfrente de mi casa, los niños llorando porque están todo el día correteando y se meten turboleches contra los columpios, los niños repitiendo una y cincuenta mil veces: "abuelo, abuelo, abuelo, abuelo....hazme caso!".
En general, como podéis comprobar, los niños me producen una saturación interna de alto calibre. Pero cada vez tengo más claro que tiene que ver con la educación del buen salvaje que le dan sus padres. Es como si los niños se autoeducaran mediante ensayo-error. El resultado a través de los años a veces es bueno pero, la mayor parte de las veces, un desastre. En cualquier caso mientras no tenga que padecerlos me alegro por los padres que en vez de peces decidieron tener un hijo. 
Algo que le gusta mucho a los niños (y al Notario) son las alitas de pollo. La verdad que son muy agradecidas. Cualquier cosita que pongas encima o al lado les sienta genial. Son como supermodelos gastronómicas. Así que os traigo otra manera más de comer amputaciones de pollo saludables y sabrosas.

Para dos raciones:

8 alitas de pollo
1 cucharada de postre de romero seco
2 cucharadas soperas de zumo de limón
2 cucharadas soperas de tomate natural triturado
1 cucharada sopera de salsa Worcestershire

Mezclamos el romero, el limón, el tomate y la salsa inglesa. Rebozamos las alitas de pollo con la salsa y dejamos marinar al menos una hora (es mejor de un día para otro). Colocamos en una fuente de horno y lo introducimos a 180-200º unos 50 minutos (depende del horno). Sacamos, espolvoreamos un poco más de romero y servimos con guarnición. ¡Que aproveche!

Paté de batata y tomates secos

 
Las batatas nunca habían sido santo de mi devoción. Eran como una mezcla rara del espacio sideral entre calabaza y patata. Y habiendo calabaza, ¿quién quiere batatas? Pues bien, el otro día me hice con ellas (me miraban como con pena desde su caja en la frutería) y me propuse hacer un paté. 
Indagando por la blogosfera encontré una recomendación: "si se asa la batata a temperatura baja durante bastante tiempo el dulzor se revela y manifiesta de un modo patente". Y eso hice. El resultado: una cosa maravillosamente estupenda, de verdad. No os miento. Me encantó (creo que se va a rifar el puesto con el paté de remolacha). Os dejo la receta:

1 batata hermosa
1 diente de ajo
tomates secos (por cada 200 g de batata añade un tomate seco)
1 cucharada de postre de cominos
1 cucharada de postre de tahini (opcional)
1/2 cucharada de postre de albahaca seca
2 cucharadas de postre de zumo de limón
un chorrito de aceite de oliva
pimentón picante para decorar

Ponemos en agua caliente los tomates para que se hidraten. Por otro lado lavamos la piel de la batata, la envolvemos en albal y la llevamos al horno a 130-150º durante una hora y media. Cuanto más lenta sea la cocción de la batata más dulce será su sabor. Una vez hecha (si la pinchamos con un palillo está blanda), la sacamos, dejamos atemperar un poco para no quemarnos y le quitamos la piel. Echamos al vaso de la batidora los tomates (¡no tiramos el agua del remojo!) y la batata con el resto de ingredientes. Batimos y vamos añadiendo poco a poco el agua del remojo de los tomates hasta que el paté tenga la consistencia deseada. Dejamos enfriar si la batata estaba caliente aún. Servimos con crudités o pan. ¡Una delicia!

28 de marzo de 2015

Shawarma. Receta libanesa


Os voy a contar una costumbre estúpida que tengo: siempre que entro a un establecimiento de comida no autóctona, y cuando digo siempre es siempre, compro cosas que no sé lo que son y ya luego después veo qué hago con ellas. Puede ser un comportamiento arriesgado, pero a día de hoy no me ha dado mal resultado (de momento me voy librando del café de heces de civeta. Pero como nos dice el refranero "Moza que mucho baja a la plaza pronto embaraza". Cuando llegue el desastre culinario os lo haré saber igualmente, que ¡no todo va a ser felicidad estomacal!). Y, como no podía ser de otra manera, el otro día fui a comprar sémola a la carnicería halal y de repente vi esto:


Chananananana (música de misterio): absolutamente ni una pista de lo que podía ser, pero yo me lo llevé. No podía ser nada malo: era una mezcla de especias del líbano. Llegué a casa y me puse a investigar. No tardé ni dos segundos en darme cuenta de que lo que había comprado era un mejunje para preparar la carne del shawarma, que no es otra cosa que la versión del líbano del kebab turco. Así que feliz como una perdiz. ¡Una vez más mi compra no había sido un estropicio! Al abrir la bolsita olía estupendamente. Me puse entonces a hacer unos shawarma y el resultado....¡espectacular! Os dejo con el asunto.

Para dos raciones:

1 pechuga de pollo hermosa
2 cucharadas soperas de mezcla para shawarma. (Lleva pimienta blanca, cayena, cardamomo y sal)
vinagre de manzana necesario
un tomate
2 hojas de lechuga
1 cebolla

Para acompañar:

Salsa taratur o de yogur y pan de pita

Cortamos el pollo en tiras y colocamos en un tupper. Cubrimos con vinagre de manzana y echamos las especias. Removemos bien. Si queremos un sabor más suave cubrir sólo hasta la mitad con el vinagre y el resto con agua y un chorrito de aceite. Dejamos marinar en la nevera unas 3 horas dando vueltas de vez en cuando (siempre es mejor de un día para otro). Sacamos de la nevera y, o bien introducimos en brochetas al horno o las hacemos en la sartén con todo el aliño hasta que éste se evapore (es lo que yo hice). Cortamos las verduras y servimos con el pollo, las pitas y la salsa taratur para regar. ¡A disfrutar del kebab casero!


Pan de pita

Todavía recuerdo la primera vez que probé un kebab. Uno de esos más malos y secos que el zapato de Charlot. Pero eran otros tiempos (en el que daba igual Juana que su hermana) y todo estaba bueno. Tardaron poco tiempo los turcos en abrir uno en cada esquina y nosotros tampoco tardamos mucho en llenarlos a tropel los fines de semana. La verdad que ahora están un poco de capa caída. Sobre todo por informes como los de la OCU en lo que respecta a la carne del relleno del panecillo (aviso: no leer si acostumbráis a comer kebab en establecimientos).
Así que la industria, como pasa con todo, no se demoró en sacarnos su versión de supermercado de los panes de pita. Si soy sincera nunca los he comido. Me da malas vibraciones ver un pan en una bolsa con aire. Es como si estuviera pidiendo salir a grito de "¡Socorrooo!". No me convencen. Sobre todo si tenemos en cuenta que elaborar este pan es más fácil que hacer una crema de champiñones de sobre (que alguien me explique cómo se puede dejar sin grumacos sin usar la batidora). Así que os animo a que los hagáis en casa porque es extremadamente fácil y muy satisfactorio.

Para unas 5 pitas:

200 g de harina panadera de trigo
50 g de harina integral de trigo
125 ml de agua a templada
1/2 cucharada sopera de aceite de oliva
1/2 cucharada de postre de sal
1/2 cucharada de postre de azúcar
1 cucharada de postre de levadura seca de panadero o 12,5 g de levadura fresca

Mezclamos los ingredientes y amasamos unos 10 minutos hasta que nos quede una masa manejable. Hacemos porciones a las que damos forma de bola. Dejamos reposar unos 50 minutos para que leven. Pasado el tiempo aplanamos con un rodillo cada una de las bolas. Ponemos a calentar el horno a 250º. Es importante que la bandeja en la que se hornearán las pitas esté muy caliente. Introducimos los panes en papel sulfurizado sobre la bandeja y cocinamos unos 8-10 minutos, hasta que veamos que se inflan y están doradas. Sacamos, dejamos atemperar sobre una rejilla y ¡a comer!



27 de marzo de 2015

Dulce de leche. Ligero y saludable.

 
Lo bueno del dulce es que no amarga. Lo malo del dulce es que es una bomba calórica con índices glucémicos tan altos que lo único que consiguen es que no puedas parar de comerlos una vez acabas de terminar con el que tenías a medias. ¡Malditos azúcares refinados! En mi lucha contra la adicción al azúcar (que me costó superar, no os vayáis a pensar) siempre estoy buscando alternativas saludables a las preparaciones que se comercializan o que se hacen en casa pero que tienen cero interés nutricional. Cuando comencé a hacer este tipo de variaciones culinarias recuerdo las caras de incredulidad y desagrado cósmico del Notario. Eran un poema, pero de los malos (aunque ahora dudo que haya uno bueno...no me gusta la poesía. "Poesía eres tú", ¿será un insulto? ¡Que me voy...!).
El dulce de leche: sin palabras, me encanta. Nunca lo he comido mucho porque tenía la impresión de que corría el riesgo de que me dejara de gustar si lo hacía. Pero pensé que lo mejor era tirarse a la piscina. ¡Qué aroma a galletas! Es increíble, sin llevar 80 toneladas de azúcar, tiene un sabor muy bueno y sorprendentemente no tiene nada que envidiar al que comercializan. El que hice no es tan espeso (me gusta así), pero si dejáis reducir más la leche quedará más pastoso. Cuando enfríe también podéis pasarlo por la batidora y tendréis un resultado más cremoso para untarlo en las tostadas, rellenar repostería, etc. Yo lo eché por encima de un yogur y me lo comí con unas fresas. No os puedo contar todas las bondades que me brindó al paladar.

 


En resumen, merece la pena todo el tiempo que hay que dedicarle a esta elaboración.

1 l de leche desnatada
1 cuchara sopera de miel o edulcorante
1/4 cuchara de postre de bicarbonato
1/2 cuchara de postre de esencia de vainilla




 
Ponemos en una olla (que no se pegue) a calentar a fuego medio todos los ingredientes excepto el bicarbonato. Cuando veamos que comienza a hervir echamos el bicarbonato mientras removemos. Bajamos el fuego al mínimo y dejamos que se evapore el agua de la leche mientras removemos de vez en cuando para que no se agarre al fondo. Es un poco tedioso por el tiempo que tarda, aproximadamente una hora larga, pero ya veréis que merece la pena. Una vez tenga una textura similar a las natillas lo retiramos del fuego y seguimos removiendo unos 15 minutos. Veremos que espesa poco a poco. Dejamos que atempere y lo introducimos en un bote de cristal y a la nevera (para que espese más). Y cuando queramos, sacamos y ¡alegría!




Bigos, un guiso de cazadores. Receta polaca




Yo sigo con mis cosas de guisos. Pero llega un momento en el que las elaboraciones tradicionales se terminan (porque una tampoco tiene un recetario infinito mental, afortunadamente). Así que repollo en mano encontré este espectáculo de luces y sonido en una web polaca. Como os podéis imaginar de aquello no entendí más que la foto, que en el fondo era lo que hacía falta. Luego ya rebusqué por el interminable mundo bloguero dicharachero y pude encontrarlo en algún idioma inteligible. Por lo visto, tradicionalmente, este guiso lo elaboraban los hombres después de una jornada de caza para calentarse la barriga con lo que habían atrapado (yo supongo que los repollos no los cazaban, aunque no puedo asegurar que no haya repollos con patas en Polonia).
Es una preparación larga pero sencilla. Lo que en España conocemos como el "olor de los domingos" o lo que es lo mismo: madres y abuelas con la olla 400 horas al fuego "gl-olorificando" la casa desde las 8 de la mañana con algo que vas a comer a las 3 de la tarde. Pues eso es este polski plato. Y el resultado muy bueno, sin duda.
 
Para 2 raciones generosas:

150 g de repollo o col rizada
150 g de chucrut (col fermentada). Si no tenemos sumar la cantidad al repollo normal.
100 g de champiñones cortados en cuartos
150 g de tomate natural triturado
1/2 cebolla
1/2 cebolleta o puerro
1 diente de ajo machacado
2 hojas de laurel
50 g de bacon ahumado
100 g de carne de ternera (yo usé morcillo)
50 g de chorizo blanco (si es negro no somos racistas tampoco)
1 pastilla de caldo de carne
pizca de pimienta negra
mantequilla o aceite de oliva
sal al gusto


Colocamos en una olla los repollos, el morcillo, el laurel y salpimentamos. Cubrimos con agua y agregamos la pastilla de caldo. Cocemos a fuego medio-bajo y siempre pendientes de que no se quede sin líquido. En una sartén rehogamos, salpimentado igualmente, en la mantequilla o aceite de oliva los champiñones, el ajo machacado, la cebolla y la cebolleta o puerro a fuego lento durante 10-15 minutos o hasta que se consuma el agua. Retiramos y vertemos en la olla de la col. Echamos ahora en esa misma sartén el bacon ahumado y el chorizo y cocinamos hasta que estén dorados. Lo añadimos al guiso y removemos. Añadimos entonces el tomate y dejamos cocer hasta que la carne de ternera esté blanda. Una vez terminado dejamos reposar 30 minutos con la olla tapada. ¡Y a cazar con cuchara!

Garam Masala


Cuando a uno le encanta comer tiene un interés especial por lo que se come en otras partes del mundo. No hay ninguna elaboración que resulte un inconveniente al paladar. Y eso, ni más ni menos, me pasa a mí. Pero cuando te dispones a hacer esos platos en casa, siempre que tratamos con asuntos de mezclas de especias, ¡problemón!. Y es que los preparados específicos que venden  tienen un precio desorbitado. Y ni aunque tuviera todo el dinero del mundo me lo iba a gastar en ello. Me parece un abuso. Soy una pesada con el tema de: "no compres eso que se puede hacer en casa" (el Notario está hasta el gorro de escucharme esa frase), pero es cierto. Si lo puedes hacer en casa es más satisfactorio y barato. 
Tengo que decir que esta mezcla lleva elementos que, en un principio, pueden resultar raros, como el fenogreco. Pero lo venden en los herbolarios a un precio asequible (me costó 1,60 euros la bolsita). El fenogreco a lo largo de la historia ha sido utilizado para múltiples fines: desde curativos hasta bélicos (Vespasiano lo utilizó para impedir el avance de tropas enemigas). Tiene un aroma fantástico y en infusión es también muy agradable.
En el caso de esta mezcla, como en el de casi todas, no hay nada oficial y la que os presento se puede someter a tantas variaciones como gustemos. Sin más os dejo con la mezcla de Garam Masala que utilizo.

2 cucharadas soperas de coriandro/cilantro en grano
1 cucharada sopera de cominos
4 clavos de olor
1 estrella de anís estrellado
1 palo de canela
6 vainas de cardamomo
1 cucharada sopera de pimienta negra
1 cucharada de postre de nuez moscada o macis (la cáscara de la nuez)
1 hoja de laurel
1 cucharada de postre de fenogreco
1 cucharada de postre de cayena
1/2 cucharada de postre de ajo en polvo
1/2 cucharada de postre de pimentón dulce o papikra

Sacamos las semillas del anís estrellado y del cardamomo. En una sartén echamos todas las especias que no estén ya molidas y tostamos ligeramente hasta que empiecen a desprender sus aromas. Sacamos y junto con el resto de especias trituramos con un molinillo de café, de especias o con el mortero. Guardamos en un bote de cristal hermético. ¡A disfrutar con la mezcla!

Lebkuchengewürz, Pain d'epices o Mixed spice


Siempre que puedo estoy haciendo panes dulces o repostería con una carga importante de especias. Lo que no había hecho era contar qué lleva el mencionado mejunje. Esta mezcla de especias es muy típica en el centro de Europa y dependiendo de la zona lleva unas especias u otras y en distintas proporciones. Al final no hay ninguna oficial y esto hace que podamos adaptarla a nuestro gusto sin ningun inconveniente purista culinario. En Francia lo llaman Pain d'epices y en Alemania, como me contaba José Manuel, tiene el maravilloso nombre de Lebkuchengewürz. Aunque para que la mezcla que utilizo fuera germana debería llevar pimienta, o eso creo. Pero siempre he sido más francófona que teutona (Lévinas vs Heidegger. Fight! Lévinas wins). También existe una versión inglesa llamada Mixed Spice cuyos ingredientes principales son la canela, la nuez moscada y la pimienta de Jamaica y a la que se añaden habitualmente otros como el jengibre, el cilantro, el clavo, el macis, la cayena o la alcaravea. Vamos, lo mismo con otro nombre y a gusto del consumidor. Os dejo por aquí la mezcla que utilizo yo. Recordad que podéis modificarla en composición a vuestro antojo, si alguna especia no os gusta, o  en cantidades, si simplemente tenéis preferencia por alguna de ellas.

10 clavos de olor
4 vainas de cardamomo
2 estrellas de anís estrellado
1/2 cucharada de postre de anís en grano
1/2 cucharada de postre de nuez moscada
1 cucharada de postre de canela molida
1 cucharada de postre de jengibre molido

Extraemos las semillas del cardamomo y del anís estrellado. Machacamos todas las especias juntas en un molinillo de café, de especias o simplemente con el mortero. Guardamos en un bote de cristal hermético. Recomiendo utilizar mucho y disfrutar de sus aromas (además de los beneficios para la salud del consumo de estas especias).

26 de marzo de 2015

Pan dulce especiado de centeno y avena integral con pasas


Hay días que me levanto y pienso: "¡Hoy te lo mereces!" Y en realidad me lo merezco todos los días, o eso parece. Porque estos panes dulces van conmigo al fin del mundo. Pocas cosas me gustan más que las frutas desecadas y las mezclas de especias tan típicas en los dulces del centro de Europa. 
Mi problema es que al final consumo tantas pasas, higos secos, orejones, dátiles, etc. que me dejo el peculio entero en esta inversión nada productiva a largo plazo. Mi próximo trasto de cocina (como le contaba hoy a Nuria) será, sin duda, una desecadora de alimentos. Cuando esté en mi poder tened precaución o acabaréis dentro. 
La seriedad del tema radica en que voy a tener que llevarla encima en forma de mochila porque ya no me caben más artilugios ni en el armario ni en la cocina. Aunque eso es lo de menos, los seres queridos siempre tienen un sitio en mi corazón (y a este paso ahí tendré que meter los cacharros). Os dejo con esta delicia.

Para un pan pequeño:

100 g de harina blanca de trigo
100 g de harina de centeno integral
50 g de harina de avena integral
1 y 1/2 cucharadas de postre de levadura
1/2 cucharada de postre de bicarbonato
1/2 cucharada de postre de mezcla de especias para pan
1/2 cucharada de postre de canela molida
1/2 cucharada de postre de jengibre molido
125 g de yogur
150 g de puré de manzana
2 cucharadas soperas de miel
40 g de pasas sultanas



Mezclamos las harinas y separamos una o dos cucharadas en un bol en el que rebozaremos las pasas. Reservamos el bol de las pasas. Echamos entonces a las harinas las especias, levadura y el bicarbonato. Mezclamos y hacemos un volcán. Añadimos la miel al yogur y removemos. Vertemos en el cráter del volcán junto con el puré de manzana. Ahora se trata de hacer una masa homogénea con una lengua de gato o una cuchara. Cuando esté todo bien mezclado echamos las pasas con la harina y volvemos a mezclar todo. Una vez tengamos una masa homogénea volcamos en un recipiente para el horno y extendemos con la lengua de gato. Precalentamos el horno y lo introducimos 40 minutos a 180º o hasta que esté bien horneado (pinchar con un palillo). ¡A disfrutar!

Pazi mihlamasi. Receta turca




La semana santa a la vuelta de la esquina y ¡sigue lloviendo! Lo que le toca al tiempo atmosférico es parar ya y continuar la semana que viene, que todavía no arrancan las procesiones (creo). Es cuando sale el Cristo de la Compañía del Anillo de Mordor el momento de empezar a llover, ¡no antes!
La verdad que no tiene sentido cabrearse con las nubes. Me recuerda al colegio, en clase de lengua haciendo sintaxis, cuando te planteaban la frase: "Llueve". Entonces te preguntaban por el sujeto y el gañán de turno (al que le tocaba contestar) decía orgullosamente en alto: "Para conocer el sujeto le preguntamos "quién" al verbo. ¿Quién llueve?" Y en ese mismo instante se callaba porque no sabía qué decir. ¿Llovían las nubes?¿Eran los ángeles meando?¿Por qué le había tocado a él esa frase?¿Su madre le habría comprado los sobres de cromos?
El caso es que cuando llueve, llueve. Da igual la sintaxis, las procesiones y la pereza existencial que generan esos días a la hora de salir de casa.  Al final da pereza hasta meterse en la cocina. Afortunadamente el mediterráneo nos brinda unos alimentos estupendos y unas elaboraciones sencillas, rápidas y muy ricas. Y eso representa este plato: algo bueno en poco tiempo y con un saco de 20 kilos de pereza existencial a la espalda. Ahí queda eso.

Para 2 raciones:

500 g de acelgas
1 cebolla
1 cucharada de aceite de oliva o mantequilla
2 g de menta fresca
2 huevos
sal
pimienta

Lavamos y picamos las acelgas y sofreímos en una sartén con la cebolla hasta que ésta esté dorada. Echamos la menta, la sal y la pimienta y removemos. Colocamos las verduras en una fuente de horno dando forma de volcán. En el medio vertemos el huevo y lo salpimentamos. Introducimos en el horno cubierto con papel de aluminio a 180º durante 10 minutos (estad atentos a cómo de cuajada os gusta la yema). Sacamos, retiramos el albal y ¡a comer!

Yogur de limón


Tienes 10 años, abres la nevera. Definitivamente quieres un yogur. Miras, buscas, encuentras y la decepeción se apodera de ti. Sólo quedan los de limón y piensas: "¿por qué vienen dos en el pack si a nadie le gustan?". Te lo comes porque quieres yogur, pero en tu interior odias a toda la familia por no dejarte uno de galletas o frutos del bosque.
Por 25 pesetas: ¿a quién no le pasó/pasa eso? Los yogures de limón tenían una sola utilidad: hacer bizcochos. Y cuando tocaba comérselos había resignación. Pero pasan los años y las cosas cambian. De repente los yogures de limón son de mis favoritos. Los de frutas del bosque (que antes eran morados y ahora blancos ¿?¿?¿?¿?¿) no los soporto. Odio absoluto mode on. ¡Están por todas partes! La cosa es que me gusta experimentar con los yogures y, al final, se me olvidan los básicos. Éste me lo recordó Inma de A falta de lexatín buenas son tortas porque resulta que son sus favoritos. Así que, como me quedaba sin yogures me puse a hacer estos de limón sin pensarlo dos veces. Tienen un sabor estupendo y, oye, si te sobra uno siempre puedes hacer un bizcocho.

Para 7 yogures:

1 l de leche desnatada
1 yogur natural desnatado
2 cucharadas soperas de leche en polvo desnatada
50 g de azúcar o equivalente en edulcorante
la ralladura de un limón

Ponemos a hervir la leche con la ralladura de limón y llevamos a ebullición. Dejamos infusionar una hora al menos. Colamos la leche para eliminar la ralladura. Echamos en el vaso de la batidora la leche infusionada con el resto de ingredientes. Batimos. Vertemos en los vasos de la yogurtera. Dejamos 10 horas y retiramos. Metemos en la nevera al menos 4 horas antes de disfrutarlos. ¡Que aproveche!

25 de marzo de 2015

Arroz con verduras a la cúrcuma


Hace tiempo, Mr. Aparicio me donó la Nintendo DS de su madre porque le habían regalado otra. Yo más feliz que un regaliz: los Pokémon me estaban esperando. Se sumaba a mi mascota la Xbox 360. El caso es que, de la mano de Mr. Aparicio, llegó, además, un "juego" que se hace llamar: Cocina conmigo ("chinininnnn"). En realidad es un poco desquiciante porque no deja de estar adaptado a la cultura japonesa: esa musiquita constante, los midis, las imágenes con colores imposibles... Algún día haré un análisis de las estridencias y contradicciones de la cultura japonesa porque es digno de ello.
De tripas corazón y a mirar qué propuestas culinarias del mundo venían incluídas. Me topé, en el recetario de la India, con este arroz. Habría que ver si realmente es india pero tenía buena pinta y era sencillo. Lo hice. Desde entonces lo he ido cambiando a mi antojo. Añado y quito cosas según las tenga o no, o simplemente según me apetezca. Es un arroz que va genial con los currys de carne, como guarnición o si le añades más cosas como plato único.


Para 2 raciones (guarnición):

60 g de arroz en seco
50 g de berenjena
50 g de apio
50 g de puerro
1 diente de ajo hermoso
1 cucharada de café de cúrcuma
1 cucharada de café de Garam Massala
1 nuez de jengibre
cayena en polvo al gusto (opcional)
pasas sultanas al gusto
nueces o anacardos (yo no le puse)
aceite de oliva/girasol o mantequilla
agua
sal

En primer lugar picamos todas las verduras. A continuación, en una olla ponemos el aceite y, con el fuego bajo, añadimos el ajo. Cuando empiece a estar dorado echamos el jengibre y las especias. Removemos y agregamos las verduras. Salamos. Rehogamos 3 minutos más, vertemos el arroz y dejamos que se dore 2 minutos.  Cubrimos con agua y removemos. Dejamos que se cocine el arroz y se evapore el agua. Añadimos las pasas y damos unas vueltas. Damos reposo al arroz unos 5 minutos con la tapa de la olla puesta. ¡A comer!

Mtabbal kousa (Paté de calabacín). Receta jordana




Sé que soy una pesada con los patés vegetales, pero no puedo evitarlo. Los necesito en mi vida. Normalmente si uno se pone a buscar recetas encuentra que casi todos llevan frutos secos. En general no me gusta echarlos a los patés por una razón: los frutos secos me gusta comérmelos a puñaditos enteros y disfrutarlos. Eso de que estén triturados por ahí en medio me pone nerviosa. Sé que están pero no los localizo y me produce un estado de kdksfjdksjfkdj mental. Y puedo entender que los vegetarianos se los echen a todo, simplemente no es mi estilo culinario.
Pero, sinceramente, cero problemas. Hay patés vegetales para todos los gustos y colores. Concretamente éste está muy bueno. Teniendo unos ingredientes similares al griego Tzatziki no tiene nada que ver en sabor. Probadlo y lo veréis.

1 Calabacín mediano (yo usé calabacín blanco)
2-3 dientes de ajo picados fino
1 Yogur natural
Menta seca
Sal

Cortamos el calabacín a lo largo y hacemos unos cortes en la pulpa. Ponemos sobre papel de plata e introducimos en el horno 30 minutos a 180º. Sacamos, lo estrujamos un poco para eliminar agua y si no nos gusta quitamos la piel (yo recomiendo dejarla porque tiene muchas propiedades beneficiosas para la salud y el tránsito intestinal). Echamos en el vaso de la batidora con el resto de ingredientes y trituramos todo junto. Como todos los patés está mucho más bueno y compacto si dejamos reposar en la nevera unas horas o de un día para otro. Servimos y ¡enjoy!

Magdalenas de puré de zanahoria con pepitas de chocolate


En anteriores capítulos de mi vida el desayuno era un momento del día que representaba una especie de muerte cerebral en el que la mandíbula se movía con cosas dentro. Por circunstancias, ajenas a mi voluntad, de repente me vi envuelta en un contexto médico escatológico (nada cristiano medieval) que me obligó a mudar totalmente de costumbres alimentarias. Es increíble lo que a uno le mutan los ritmos biológicos cambiando la alimentación. Así que si antes acostumbraba a levantarme de la cama lo más tarde posible (se dieron casos de dormir 20 horas seguidas. Marmota's Time), ahora madrugar es algo necesario en mi vida y que me gusta. Es mi momento del día, ver cómo se va desperezando el mundo (yo incluída). Y lo mejor de madrugar, sin duda, es el desayuno: mi comida favorita de la jornada. Un té, tostada con mermelada, fruta, yogur y algo sanote dulce. Y me pongo como el kiko. Sí, ya sé que el dulce sobra, pero no puedo prescindir de nada de lo anterior para compensar: ¡todo es necesario! A ver si el buen tiempo nos empieza a acompañar y puedo salir a correr como Chuck Norris manda, que el deporte en casa es un tostón y los gimnasios (del gr. gymnasion que significa "lugar donde ir desnudo") pues no son lo mío. Prefiero ir vestida y no tener que mirar en un espejo a los Mr. T haciendo poses que avergonzarían a sus abuelas.
Que me voy del tema. Estas magdalenas son una cosa simple pero muy resultona y que nos endulza el paladar en su justa medida en esos momentos matutinos golosos.

Para unas 8 unidades (dependiendo del tamaño)

100 g de harina blanca de trigo
50 g de harina integral de trigo
pizca de sal
2 cucharadas de postre de levadura
1/2 cucharada de postre de bicarbonato
250 g de puré de zanahoria
1 huevo L
1 cucharada sopera de miel de caña
1 cucharada sopera de miel
1 cucharada sopera de aceite de girasol
chips de chocolate al gusto

Echamos todos los ingredientes líquidos y el puré en el vaso de la batidora y, mientras batimos, vamos anadiendo la harina hasta que tengamos una masa más bien líquida. Precalentamos el horno. Vertemos la masa en los moldes de magdalenas y añadimos las pepitas enharinadas en cada recipiente. Horneamos a 180º unos 20 minutos, hasta que estén doradas. ¡A disfrutar!

24 de marzo de 2015

Kofta de gambas con salsa Taratur bi tahini. Receta egipcia


Pues sigue haciendo un frío del copón. Siempre digo que si viviera en una isla desierta estaría muerta. La selección natural es sabia. A no ser que como Robinson Crusoe tuviera un Viernes (luego, como en la novela y en los análisis históricos, omitiría todo su mérito a la hora de dar cuentas de mi superviviencia). 
El caso es que entre el frío y la lluvia no salgo de la cueva ni por recomendación y lo único que me apetece comer son sopas y guisos que calienten pies y barriga. Pero hay que hacer un esfuerzo y variar un poco, que hay más cosas que comer en el mundo. Así que mi infinita adicción a la comida árabe me llevo a esta receta que está mejor que buena. Había probado otros kofta o kefta o albóndigas raras o como queramos llamarlo, pero éste con gambas es para comerse 48 seguidos sin parar. Y si lo acompañamos de la salsa de tahini no os quiero ni contar. Si tenéis un rato os animo a probarlo.

Para los kofta (10-15 unidades)

1/2 kg de gambas
1 cucharada sopera de comino molido
100 g de harina de arroz
3 dientes de ajo medianos
1/2 cebolla
perejil
sal
pimienta

Para la salsa Taratur

50 g de semillas de sésamo molidas (yo lo compro en Mercadona y lo paso por el molinillo de café)
50 ml de zumo de limón
50 ml de agua
pizca cucharadita de sal
1 diente de ajo picado

Empezamos con la salsa. Mezclamos el ajo, la sal y el sésamo en un bol. Poco a poco añadimos el zumo de limón y el agua. Removemos hasta que quede homogéneo.
Para elaborar los kofta picamos las gambas (si son congeladas descongelar previamente) y mezclamos con el resto de ingredientes. Una vez tengamos una pasta cogemos porciones y damos forma de albóndiga. Metemos al horno a 200º unos 20-30 minutos dando vueltas de vez en cuando para que se tuesten por igual. También se pueden freír en la sartén con el aceite muy caliente y dejar escurrir después en papel de cocina. Eso ya, al gusto. Se sacan y las comemos mojando en la salsa ¡Que aproveche!

Pan de Khorasan integral con sémola de trigo

 
Tengo una relación especial con la panificadora. Gracias a ella empecé mi afición panarra y las horas infinitas en la cocina. Fue un regalo del Notario y como dice él: "¡He creado un monstruo!". Un monstruo bondadoso, por supuesto. 
El caso es que los panes con este invento me han enseñado mucho. Si prestas atención las masas son como los exhibicionistas, te enseñan lo que tienen desde el minuto 1, así que sólo hay que mirarlas (y olerlas) con detenimiento y tendremos un pan estupendo.
Me encanta hacer panes mezclando harinas y otras moliendas y ver cuál es el resultado. Últimamente utilizo mucho la sémola de trigo para hacer pan porque le da una textura crujiente a la corteza increíble y hace que la miga sea un poco más liviana. La compro en una carnicería halal porque, la verdad, no la he visto en otro sitio. 
Una de mis harinas favoritas es la integral de Khorasan. Tiene un desarrollo de masa veloz y muy aromático. Es fácil hacer pan con esta harina y que te salga algo digno de mostrar. Y así surgió este pan, con su corteza crujiente y su interior mullido. Rico, rico y a la barriga.

Para un pan de 500 g:

40 g de sémola de trigo de molienda media
90 g de harina integral de khorasan
170 g de harina blanca de trigo panadera
100 g de pasta fermentada de trigo integral
190 ml de agua
1 cucharada de postre de levadura seca de panadero
1 cucharada de postre de sal


Colocamos los ingredientes en la panificadora, primero el agua con la sal, después harinas y sémola y por último la levadura y pasta fermentada. Ponemos en funcionamiento el programa de pan integral. Una vez terminado, sacamos y dejamos enfriar en una rejilla. ¡Una delicia!

23 de marzo de 2015

Pan de vino tinto de trigo integral


Me dije: ¡Hoy toca pan! Porque comer sin pan no es comer. Total, saco las harinas, la levadura, el prefermento, el vaso medidor de agua y, de repente, cuando voy a llenarlo de agua pienso: "Pues hoy le voy a echar vino, a ver qué pasa." No es nada que me haya inventado, tengo que decirlo. En determinadas zonas de La Rioja hacen pan con su estupendo y caro vino. O en otras partes de la esfera terráquea se hacen con cerveza (que ya os pondré alguno por aquí), o con vozka o con cualquier líquido. Porque al final de lo que se trata es de que algo ligue los ingredientes. 
El resultado de este pan de vino... no os quiero ni comentar. ¡Qué olor!¡Qué sabor!¡Qué textura! Lo repetiré seguro porque casi ni lo disfruté. Duró medio asalto en el ring (alguien le arrancó la oreja).

Para 1 hogaza de 500 g aprox.

150 g de harina panadera
150 g de harina integral de trigo
100 g de pasta fermentada de harina blanca de trigo
1 cucharada de postre de levadura seca de panadero
1 cucharada de postre de sal
Entre 185-200 ml de vino tinto decente (depende de la absorción de las harinas)



Mezclamos la harina y la sal. Diluimos la levadura con el vino y agregamos a la harina. Añadimos la pasta fermentada. Amasamos durante 10 minutos. Si vemos que la masa está seca añadimos más vino (de poco en poco). Cubrimos la masa con un paño y dejamos fermentar una hora en un sitio sin corrientes y tapado con un paño húmedo. Boleamos y damos forma de hogaza. Lo dejamos fermentar en la placa del horno enharinada otra hora más. Hacemos entonces un corte en la superficie y los cocemos 30-40 minutos en el horno precalentado a 240º con vapor de agua. El vapor de agua lo podemos conseguir poniendo un recipiente con agua durante 10 minutos en la placa inferior del horno o bien vaporizando las paredes. Sacamos y dejamos enfriar en una rejilla. Comer sin miramientos.

Tofu al Oporto con lombarda y uvas


No he conocido jamás a nadie que cuando come cualquier cosa (alimentos, se entiende, no sacapuntas o peines) con un vino o licor dulce diga: ¡esto es una aberración ontopraxeológica! (que significa: ¡menuda basura me acabas de servir!). Y, desde luego, yo como el resto de la humanidad disfruto con esos aromas en la comida. Total, que una saca el tofu (que efectivamente por sí solo es insulso) por variar un poco el tema carne/pescado/huevos y piensa: "aha! y ¿ahora qué hago?". Miro encima de la nevera y un brillo celestial ilumina el vino de Oporto con música de trompetas angelicales (no eran las del Apocalipsis, que todo el mundo esté tranquilo). ¡Bingo! El vino iba a ser la base de la marinada. Así que me puse a ello y con el tofu y lo que tenía en la nevera me monté este plato que pienso volver a repetir porque está buenérrimo. Ahí os dejo el invento.

Para 1 ración:

200 g de lombarda
125 g de tofu (yo usé blando pero el duro para marinar es mejor)
100 ml de vino de Oporto
50 ml de agua
1 cucharada de postre de jengibre seco molido
1/4 cucharada de postre de pimienta negra
1 guindilla dulce (opcional)
uvas al gusto
sal
aceite de oliva

La noche anterior cortamos el tofu en cubitos y ponemos a marinar con el vino de oporto y el agua. Removemos y dejamos en la nevera. Al día siguiente sacamos el tofú (¡importante no tirar el líquido de la marinada!), lo ponemos en un recipiente de horno y lo introducimos una media hora a 180-200º o hasta que esté dorado. Vamos dando vueltas para que se tueste por todas sus caras. En una olla ponemos a cocer la lombarda unos 20 minutos. Escurrimos y volvemos a introducir en la olla con aceite de oliva. Rehogamos y añadimos el jengibre y la pimienta. Echamos ahora el líquido de la marinada y, si hemos puesto, la guindilla cortada en aros. Seguimos rehogando hasta que esté a nuestro gusto. Sacamos el tofu del horno y servimos encima de la lombarda. Acompañamos con uvas (como si fueran migas, o algo). ¡A disfrutar!


Yogur de uvas


Los yogures con frutas están para comerse 8 seguidos, y caseros más. Así que en cuanto tengo fruta amenazando con estropearse doy cuenta de ella rápidamente. ¡Aquí no se tira nada! En este caso fueron las uvas blancas, que están muy buenas pero que enseguida empiezan a enfurruñarse. Me encantan estos yogures con un poco de avena y pasas. ¡Son un vicio!


Para 7 yogures:

1 l de leche desnatada
1 yogur natural desnatado
2 cucharadas soperas de leche en polvo desnatada
50 g de azúcar o equivalente en edulcorante
200-250 g de uvas

Abrimos las uvas y ponemos a cocer con el azúcar durante 15 minutos. Retiramos, escurrimos, pasamos por el chino para quitar las pepitas y pieles y dejamos enfriar. (Yo antes de cocerlas le quite las pepitas y dejé la piel porque me encanta encontrarla en los yogures. Eso al gusto). Echamos en el vaso de la batidora las uvas con el resto de ingredientes. Batimos. Vertemos en los vasos de la yogurtera. Dejamos 10 horas y retiramos. Metemos en la nevera al menos 4 horas antes de disfrutarlos. ¡A comer!

22 de marzo de 2015

Roscas de anís con Ouzo (licor griego)


Los bollos y pastas más sencillos son los que más me gustan de lejos. Y cuanto más de pueblo, mejor. Resulta que, según el Notario, esto se traduce en una falta de gusto: "Sólo te gustan las cosas insulsas". Yo le llamo chocolatero y se acaba la conversación (porque en el fondo no tiene razón de ser). Pues bien, después de años escuchando esto voy y descubro que: ¡Ajá! ¡Al Notario le encantan las roscas de anís! ¡Sí, sí! Lo tenía escondido ante el temor a represalias (que obviamente llegaron). 
Así que, aprovechando que el Manzanares pasa por Perales del Río (y que a mí tampoco me gustan nada estos dulces. Cof, cof...), me dispuse a hacer roscas de anís de aceite de oliva. Pero al visitar el mueble bar: ¡horror!¡no tengo anís!. Ya iba a abandonar el intento cuando me encuentro una botellita de licor Ouzo que me regaló un amigo (de Perales del Río) que a su vez le habían traído a él de Grecia. 
El Ouzo es un licor dulce tradicional tanto de Chipre como de Grecia con un sabor anisado (justo lo que necesitaba) y un toque a regaliz que le va que ni pintado. Está bastante bueno. Os dejo una foto.


Ouzo en mano me puse a ello con un resultado tan bueno como breve.

Para 500 g de masa, aprox. :

2 huevos M
100 ml de aceite de oliva suave
1 copita de licor de anís
1 cucharada de café de anís en grano
300 g de harina de panadero
60 g de azúcar glas
1/2 cucharada de postre de levadura seca de panadero
1 huevo batido con un chorrito de leche para pintar

Echamos los huevos, el aceite, el licor, el anís en grano y el azúcar en el vaso de la batidora. Batimos con el pie fijo en el fondo del vaso como si estuviéramos haciendo mayonesa. Cuando nos quede una textura parecida paramos y reservamos. Tamizamos la harina con la levadura y añadimos encima los líquidos. Mezclamos todo muy bien y terminamos amasando con las manos. Cogemos porciones de masa y vamos dando forma de rosco. Colocamos en la bandeja del horno y dejamos reposar una hora. Una vez han levado precalentamos el horno a 200º, pintamos e introducimos la bandeja. Horneamos a 180º durante 20-25 minutos o hasta que estén dorados. ¡Que aproveche!

Pan de trigo, alforfón y centeno integral (con masa fermentada)


La harina de trigo sarraceno es una de esas maravillas que suelen hacer que el tiempo que le dedicas a expermentar con el pan se alargue unas dos eternidades con su eterno retorno cada una. La razón ni más ni menos es que no es un cereal y se parece al trigo lo mismo que Jar Jar Binks a los dioses griegos. Así que, como todos los intolerantes saben, este tipo de harina no desarrolla gluten: como consecuencia su levado es un poco como Papá Noel: inexistente. De todos modos siempre y cuando uno sea tolerante al gluten puede mezclar harinas, que es lo que hago yo, de tal modo que el resultado sea bastante mejor. Después de varios intentos con cantidades de harina, prefermentos, porcentajes de humedad, bla bla bla...he encontrado una proporción más o menos decente.

Para tres hogazas medianas:

225 g de harina blanca de trigo (T45) + 50 g para la superficie de trabajo y la placa de horno.
180 g de harina de trigo sarraceno.
7 g de sal
7 g de levadura fresca de panadero
250 ml de agua
200 g de pasta fermentada (sirve cualquier tipo de prefermento)
60 g de harina integral de centeno

Mezclamos las harinas de trigo blanca y trigo sarraceno con la sal. Diluimos la levadura en el agua y la añadimos a la harina. Amasamos 5 minutos. Añadimos el prefermento y amasamos durante otros 10 minutos. Damos forma de bola y dejamos fermentar una hora tapando la masa con un trapo húmedo. Dividimos la masa en tres bolas de 180-200 g cada una. Espolvoreamos las bolas con la harina de centeno integral y las colocamos en la placa del horno enharinada donde las dejaremos fermentar otras 2 horas y media. Greñamos los panes. Precalentamos el horno con un recipiente con agua a 230º. Introducimos los panes, y a los 10 minutos retiramos el recipiente con agua. Cocemos 10 minutos más a 230º, bajamos entonces la temperatura del horno a 210º y dejamos 10 minutos más (un total de 30 minutos de cocción). Sacamos y dejamos enfriar en una rejilla. ¡A disfrutar!

21 de marzo de 2015

Wok teriyaki con fideos vermicelli de soja


El wok tiene un gran punto a su favor: se tarda más bien poco en cocinar y el resultado siempre es bueno. Tengo que decir que, en mi caso, lo que la mayoría de las veces es una desventaja con el wok es una maravilla: los fogones de gas del año en que Aristóteles empezó a ser el mentor intelectual de Alejandro Magno. La forma de esta sartén, tan peculiar, hace que el interior se caliente y cocine muy rápidamente los alimentos. Las vitrocerámicas y derivados contemporáneos no dan tanto calor como la llama. Así que cada dos por tres tengo el cacharro cocinando cosas dentro. 
Me encanta que las verduras se queden con su punto crujiente y la gran cantidad de salsas y aliños que se puede añadir. ¡Inventazo total! 
Los fideos chinos o tallarines siempre acompañan de maravilla, como el típico amigo que en general es un tostón pero que te viene estupendamente cuando tienes que ir a hacer la declaración de la renta porque así te entretienes con alguien. Los hay de todos los tipos, formas, tamaños y colores (tanto los fideos como los amigos pesados). Los vermicelli los podemos encontrar de trigo, de soja y, si uno busca, hasta de grillos debe haber. Tengo curiosidad por probar los shirataki de konjac (una planta asiática). Cuando me haga con ellos y me los coma os daré mi veredicto. Por el momento os dejo ésta:

Para dos raciones generosas:

150 g de fideos vermicelli de soja
200 g de carne de ternera (el corte que más nos guste)
1 tomate mediano
1/2 puerro
80 g de champiñones
100 g de brócoli
100 g de calabacín
100 g de berenjena
1 nuez de jengibre fresco
1 cucharada sopera de salsa teriyaki
aceite de oliva

Ponemos a cocer los fideos en agua unos 5 minutos, hasta que estén tiernos. Calentamos aceite en el wok y vamos echando las verduras. Cocinamos a fuego lento. Rallamos el jengibre encima de las verduras. Rehogamos. Echamos la ternera cortada en tiras o trozos pequeños. Rehogamos 5 minutos. Vertemos la salsa teriyaki y seguimos cocinando hasta que reduzca el agua de las verduras y la salsa. Retiramos, servimos y colocamos los fideos encima. ¡Buen provecho!

Crema de champiñones, calabacín y rúcula al orégano


Yo sigo con mi cuchara. La verdad que pocas cosas hay más reconfortantes que una sopa o crema a la hora de la cena en los días fríos. Si el mundo se acabara en invierno o haciendo mal tiempo yo iría con la cuchara en el bolso, por si acaso. Pero que nadie se alarme, en verano desaparecen y se convierten en ensaladas y sopas frías. Sinceramente, tengo unas ganas de gazpacho que no me lo creo. Ya no queda mucho. Mientras tanto:

Para dos raciones:

150 g de champiñones
100 g de calabacín
un puñado de rúcula (al gusto)
1/2 cucharadita de orégano
650-700 ml de agua
aceite de oliva
sal

Ponemos a calentar el aceite y echamos el calabacín y los champiñones. Salamos y espolvoreamos el orégano. Rehogamos a fuego lento 5-8 minutos. Vertemos el agua y echamos la rúcula. Una vez esté cocida la verdura, retiramos y trituramos con la batidora. Servimos y ¡a disfrutarla!

20 de marzo de 2015

Calabacín luna relleno de verduras y gambas en salsa de soja


Con este mal tiempo que padecemos a una le apetece comer de cuchara todo el tiempo, pero a este paso me voy a quedar sin cuchara. ¿Algún día llegará el buen tiempo? Esta pregunta será contestada en Saber y Ganar en un especial de los Magníficos, seguro.
Tengo frío siempre (los que me conocen ya lo saben), y la verdad que prefiero el invierno al verano (sí, soy un poco masoca). Pero cuando las temperaturas son bajas mi nariz y mis pies remiten en su estado de existencia y pasan a ser Walt Disney a la espera de un tiempo histórico mejor. Total, que me resigno y me vuelvo primaveral. ¡Hoy estrenamos primavera! (o algo así). Y para celebrarlo una horterada culinaria de esas que pueblan la red porque nadie puede evitar hacerla. Es como aquellos pasteles de los 90 de ensaladilla rusa: un horror que todo el mundo elaboraba orgullosamente como si se estuviera tallando un diamante y que tan felizmente comíamos. Porque no nos engañemos: la ensaladilla está buena aunque tenga forma de cuadra. 
A lo que iba, os presento mi (sonido de redoble de tambores): ¡calabacín luna relleno!

Para una ración:

1 calabacín luna
30 g de puerro
3 pimientos del padrón
1 chile dulce (los de la foto, que no pican nada)
50 g de champiñones
60 g de gambas
1 huevo de codorniz
1 y 1/2 cucharada de salsa de soja
aceite de oliva
sal


Cortamos la tapa del calabacín y vaciamos la carne con una cucharilla de café. Reservamos la carne. Ponemos el calabacín a cocer al vapor durante 10-15 minutos. Cocemos también el huevo de codorniz. Por otro lado cortamos el resto de verduras en juliana y las echamos al wok con el aceite caliente. Salamos. Cuando empiecen a estar blandas añadimos las gambas y la salsa de soja. Rehogamos a fuego lento y cuando estén hechas retiramos. Ahora sólo queda hacer el montaje. Introducimos el relleno con una cucharilla y culminamos con el huevo y la tapa del calabacín. ¡Que aproveche!

19 de marzo de 2015

Shortcake de avena y espelta con fresas


Venga, que no se diga: ¡Vamos a celebrar San José! ¡Felicidades a todos los padres y Joselines del mundo! Desde que era pequeña la expresión "día del padre" siempre me hacía pensar en que se estaba celebrando el día del cura, debe de ser porque en portugués padre es cura (sé que en castellano también, pero es más común el vocablo "cura"). El caso es que esa expresión me producía cierta perplejidad que rápidamente se resolvía con cualquier otro pensamiento del tipo: "me pica la planta del pie, ¿ahora cómo me rasco si estoy en la calle?", o algo similar. Así que tampoco fue un trauma, no temáis por mí.

Al lío: una de las cosas que más me gustan de la repostería son las elaboraciones inglesas. Son de sencilla preparación y tienen una presencia que ni George Clooney, oiga. Las shortcakes siempre me han encantado pero para mí tienen un inconveniente: mucha mantequilla. No es que tenga nada en contra, pero prefiero otro tipo de ingredientes menos saturados que me faciliten la digestión, que luego vienen las largas y tediosas discusiones con el Sr. Roca. Así que modifiqué un poco la receta y la hice más integral, sana y ligera, pero si queréis la original os dejo aquí la de Martha Stewart. Existe también una versión japonesa en la que el soporte de la tartita es un bizcocho. Eso ya, al gusto.
Yo la rellené de nata y fresas porque es la tradicional y mi favorita, pero esto es como todo, si queremos Nutella la untamos y pocos cuentos de nata y fresas. Os dejo la receta:


Para 2 grandes o 4 medianas:

100 g de harina integral de espelta
30 g de avena en copos
180 g de puré de manzana o 100 g de puré de manzana y 50 ml de leche o nata
1 huevo M
1 cucharada sopera de miel
1/2 cucharada de postre de salvado de espelta
2 cucharadas de postre de levadura química
1 cucharada de postre de esencia de vainilla

Relleno:

Fresas al gusto
Nata al gusto

Precalentamos el horno a 200º. Mezclamos la harina, los copos de avena, la levadura y el salvado. Por otro lado batimos el huevo y añadimos la miel y la vainilla hasta que nos quede un potingue homogéneo. Vertemos ahora el puré de manzana y mezclamos. Añadimos los líquidos a los secos y removemos bien hasta que tengamos una pasta muy poco espesa. Parece poco manejable pero al hornearla se hace compacta. Con un cucharón (o con las manos lo hice yo) colocamos porciones de la masa sobre papel sulfurizado en la bandeja del horno. Horneamos durante 25-30 minutos a 180º, o hasta que estén dorados. Sacamos, dejamos enfriar y rellenamos. ¡Enjoy!



Caballa con asa de cántaro en salsa avgolemono


¿Asa de cántaro?¿Eso qué es? No es que, por lo general, me invente nombres de cosas (aunque a veces no queda más remedio) así que no penséis que me estoy haciendo la gourmet pedante. El asa de cántaro es una col muy parecida a la acelga en aspecto pero con un sabor más amargo. Suele crecer en el sur de Galicia y norte de Portugal de manera espontánea. Es tan parecida a la acelga que, de hecho, se confunde con ella. Os dejo un enlace para que lo comprobéis. A mí me encanta (mucho más que las acelgas), y siempre que me traigo de Galicia las escaldo y congelo para ir comiendo poco a poco, como si fuera caviar ruso, o algo. Creo que es porque en Madrid jamás las he visto.
Uno de los placeres de la vida es mojar pan en salsa (en general nos vale cualquiera) y pocos se resisten a untar el pan en el plato, por mucho que coman en el Bulli (aunque ahí igual no hay mucho que mojar, que si uno se descuida le traen la comida hasta digerida). Así que, si juntamos antojo de asa de cántaro y de mojar pan el resultado fue esta caballa al horno con la verdura y una salsa  de limón. La salsa avgolemono es una preparación griega que, literalmente, significa "huevo y limón". Yo la he hecho en forma de salsa (dejando reducir y con menos caldo), pero es la base de una sopa tradicional con el mismo nombre que está espectacularmente buena. Os dejo la receta.

Para una ración:

Una caballa pequeña (o grande, dependiendo del hambre)
200 g de asa de cántaro (o acelgas)
1 cebolla roja mediana
aceite de oliva
sal
pimienta

Para la salsa avgolemono:

1 limón
1 huevo L
80-100 ml. aprox de caldo de cocer la verdura


Pintamos la caballa con aceite de oliva, salpimentamos y metemos al horno 25 minutos a 180º. Por otro lado cocemos el asa de cántaro o las acelgas con un poco de sal. Escurrimos (apartando caldo de la cocción que usaremos después) y reservamos. Calentamos un poco de aceite en una olla y rehogamos la cebolla picada. Una vez esté blanda añadimos el asa de cántaro y continuamos rehogando. Reservamos. Sacamos la caballa del horno y colocamos encima de las verduras. Para la salsa: batimos el huevo en un bol y añadimos el zumo de limón. Incorporamos poco a poco el caldo caliente de la cocción sin dejar de remover durante un par de minutos. Calentamos en un cazo otro par de minutos sin dejar de remover la mezcla. Apagamos el fuego y vertemos la salsa sobre el pescado. ¡ A disfrutar!

18 de marzo de 2015

Broa de milho. Pan de maíz portugués


Sin paños calientes: este pan es resultado de la envidia que me corroe. El otro día vi un pan alentejano en el blog A falta de Lexatín buenas son tortas y de repente me acordé de lo mucho que me gustan las hogazas de maíz de Portugal. Aunque, la verdad, es algo bastante típico también de Galicia. Así que me dispuse a ello. 

Tengo que decir que este pan es una planicie castellanomanchega, vamos que no leva ni por recomendación. Eso es debido a que no desarrolla un gluten decente y queda tan compacto que si se lo tiro a alguien a la cabeza le hago otro ojo y se convierte en Ten Shi Han (sí, el de Dragon Ball). La masa, además, es difícil de manejar, se desmenuza todo el tiempo. Por eso si lo vais a hacer os recomiendo armaros de voluntad teutona y pachorra portuguesa. Sólo así podréis obtener un pan de maíz. Modos de hacerlo hay muchos, se le puede añadir harina de trigo panadera o de fuerza en lugar de integral de centeno, de tal manera que sí desarrollará gluten y la miga será más alveolada y, por tanto, menos compacta. Lo maravilloso de los panes es experimentar con las harinas, los tiempos de reposo, los prefermentos... Pero si os aburre el tema esta receta es bastante resultona. Espero que os guste.


Para una hogaza de 500 g aprox.:

180 g harina de maíz (ojo, no es Maizena)
180 g harina de centeno integral (o 100g de harina integral de centeno y 80g harina panadera de trigo)
10 g de levadura fresca de panadero
1 cucharada de postre de sal
350 ml de agua (200 ml para el escaldado y 150 ml para la masa final)




Ponemos 200 ml de agua en un cazo. Una vez hierva la retiramos y echamos encima de la harina de maíz. Dejamos reposar hasta que enfríe. Mezclamos entonces el resto de los ingredientes y amasamos como buenamente podamos. La masa es espantosa, se desmigaja (es lo que tienen las harinas que no desarrollan gluten), pero es posible ¡ánimo!. Una vez hemos amasado dejamos reposar una hora en un trapo enharinado y tapado con un trapo húmedo. Pasado el tiempo sacamos la masa y le damos forma de bola. No hay que aplanarlo, ya lo hace sin ayuda (igual que el agrietado). Es mejor dejar el pan ligeramente alto. Dejamos reposar durante 2 horas y media en la bandeja del horno (con papel sulfurizado debajo) y tapamos con un paño húmedo. Precalentamos el horno con vapor de agua (metiendo un recipiente con agua o vaporizando las paredes del horno). Metemos el pan y horneamos durante 15 minutos con el recipiente de agua (si lo hemos metido) a 250º. Bajamos la temperatura a 200º y horneamos durante 45 minutos o una hora dependiendo del horno. El pan está cocido cuando al golpearlo con los nudillos suena hueco. Sacamos y dejamos enfriar. ¡No os va a durar nada!
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